Cinco razones bíblicas que demuestran la voluntad de Dios para tu sanidad (+VIDEO)

Pastor Adrian Pose en Miami FL en Agosto 2021

1- Los nombres de Dios revelan Su naturaleza y voluntad.

Él se dio a conocer como Yahweh Rafá, “Yo Soy tu Sanador”. (Vea Éxodo 15:26)

2- Los israelitas en el desierto.

Ninguna plaga de las que Dios envió contra los egipcios les tocó a los israelitas (vea Éxodo 15:26); el calzado y el vestido del pueblo no envejeció (vea Deuteronomio 8:4); no hubo mujer estéril ni que abortara en el pueblo (vea Éxodo 23:26) … y eso que ellos, estaban en una prueba puesta por Dios. Si hay un estándar o ejemplo para nosotros acerca de lo que es una prueba o “desierto”de Dios, ahí está el ejemplo de los israelitas en el Antiguo Pacto. No tenían herencia comprada por la cruz y las llagas para mantenerse saludables, sólo tenían promesas futuras.

3- Jesús a nadie le negó sanidad.

Jesús no salvaba de pecado a todo el mundo, sino a todos los que del mundo venían a Él en fe y arrepentimiento. Todo el que venía a Él y cumplía Sus condiciones, era salvo. Lo mismo se aplica los milagros que realizó en carne: Él no sanó a todo el mundo, sino, a todo el que del mundo venía a Él creyendo por una sanidad. Siempre decía: “Conforme a tu fe te sea hecho”.

“Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho.” (Mateo 9:27-29)

“Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Entonces Jesús dijo al centurión: Vé, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora.” (Mateo 8:10, 13)

“Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole:¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio. Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros. El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme! Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.” (Mateo 15:22-28)

Si Jesús estando en carne, a nadie que vino a Él creyendo por un milagro le negó sanidad, ni lo delegó a la soberanía o al “tiempo” de Dios, sino que lo delegó todo a la fe del creyente, ¿cuánto más, ahora estando sentado a la diestra del Padre, no dará el pan de herencia que necesita cada día, a todo aquel que tenga la fe correcta para liberación, sanidad y prosperidad por Su sangre, Sus llagas y Su pobreza en la cruz? (Vea 3Juan 1:2)

“Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había en Capernaum un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo. Este, cuando oyó que Jesús había llegado de Judea a Galilea, vino a él y le rogó que descendiese y sanase a su hijo, que estaba a punto de morir. Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis. El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera. Jesús le dijo: Vé, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue. Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive. Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor. Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la fiebre. El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive; y creyó él con toda su casa.” (Juan 4:46-53)

Esta escritura especifica: “Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue”. El hombre se atrevió a creer a la palabra de Jesús, sin haber visto señal alguna de mejoría en su hijo todavía. La duda en relación a la voluntad de Dios para sanar, nos impide insistir en fe hasta el final por un milagro.

4- Las llagas de Cristo claman por mi sanidad.

Así como la sangre de Cristo, clama a Dios por nuestra justificación, mucho mejor que la voz de Abel, y que cualquier voz; también las llagas de Cristo claman mejor que nuestras enfermedades.

5- El Espíritu Santo quiere respaldar la verdad.

“Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.” (Juan 15:26)


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